
El negocio se llama El Gauchito, porque tiene colgados algunos recuerdos de gauchos. El mostrador lo divide, prácticamente, en dos. Tres cuartos del mismo está reservado para el zapatero. Allí tiene pieles, máquinas, un mueble con cosas guardadas, fotos y ¡un montón de zapatos! y la parte restante, es el lugar para atender a los clientes. En este sector, contra la pared, hay sillas.