
Voy al encuentro de Emma Bolos, vecina del barrio desde hace 68 años. Camino derecho por Defensa y cuando llego a la altura del 600 comienzo a buscar la entrada de su casa. Edificio antiguo, con paredes sólidas, bronces bien lustrados y todo lo que destaca la arquitectura de épocas pasadas que no escatimaba materiales para que las estructuras no tuvieran problemas de humedad, ni filtraciones, ni fisuras ni nada que pudiera preocupar a sus habitantes, salvo el lógico paso del tiempo. Toco el portero de su departamento y siento su voz amigable a través de él. Ya sé, solo por este detalle, que va a ser un placer escuchar la historia de su familia.
