
Gloria nos recibe en su casa de mediados del siglo XIX sobre la calle Humberto Primo, a tres cuadras de la Plaza Dorrego, con esa calidez que la caracteriza y que ayuda a desestructurar cualquier entrevista, para convertirla en una charla entre vecinos. En realidad fue eso, porque al entrar en la casona el diálogo se “disparó” incontenible.